El tiempo tiene también su geografía. Llegamos a las márgenes de un gran río. Primeras fechas del siglo y del milenio. En esta orilla, tanta o más historia que la desandada en los caminos. La historia por vivir, hace más importante la historia vivida, y la historia vivida da sentido permanente a la historia por vivir.
Nos arriesgamos siempre por el filo turbulento del presente, que puede ser al mismo tiempo un fugaz recodo de meditaciones y transformaciones o una navaja afilada.
Dos mareas globalizadoras se nos abalanzan continuamente desde direcciones contradictorias.
De un lado, un turbión desintegrador, que derriba lo acumulado, sin distinciones, y deja una orfandad drástica de valores, paradigmas y sistemas guías.





