Las crisis generalizadas a que asistimos en la economía, la política y la naturaleza están modelando nuevas subjetividades entre las que se encuentran elementos de simulación, desesperanzas y desencantos que corroen a la sociedad, a la familia y a las personas en lo individual.
Pienso que pocos pudieran ser lo lugares específicos de la geografía planetaria que escapan a estas nuevas realidades acentuadas por causa de la desidia con que son asumidas las responsabilidades del poder y los intentos de uno y otro signo por imponer un único pensamiento al que muchos contraponen, por su parte, un único contra pensamiento, que nos atrapan con pinzas que se cierran sobre nuestra vidas ahogando el sentido de la espiritualidad, la posibilidad de una esperanza verdadera y la práctica del amor sin límites que pudiera salvarnos del hastío y del vaciamiento del espíritu.





