Por : Rodolfo Alpizar

A todo lo largo y ancho de nuestra geografía existen personas que han usurpado el puesto de nuestros burgueses prerrevolucionarios y se han acostumbrado a vivir y pensar como ellos
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Siempre que puedo leo los mensajes de mi amigo Félix Guerra. El llamado  “¿Socialismo  O? Preguntas y respuestas. Unas más difíciles que otras”, me ha gustado  sobremanera. Eso es lo que queremos los revolucionarios cubanos, los comunistas cubanos, los patriotas cubanos. Un país socialista en el  verdadero sentido de a palabra, en el cual el hecho de que yo piense  como tú, o distinto de ti, no sea una razón para que tú me reconozcas o me excluyas, donde la participación social sea verdaderamente eso, el quehacer consciente del pueblo, y no un discurso alejado de la realidad  concreta, de todos los días. Donde la iniciativa popular no sea una consigna lanzada desde arriba, sino la verdadera libertad de expresión de  las masas populares y, por ejemplo, un grupo de estudiantes universitarios  no sean regañados, y sus militantes severamente amonestados, con  amenazas  de separación de la organización juvenil comunista y demás  consecuencias,  simplemente porque organizaron un encuentro político cultural contra la  agresión norteamericana contra Irak sin que hubiera sido orientado  superiormente. Muchos en la Universidad de la Habana recuerdan que  ocurrió  así en su momento.

Es lo que buscamos, un socialismo verdaderamente socialista, por ello mismo democrático, no mediatizado. Con una real propiedad social sobre los medios de producción, y no meramente estatal. Un socialismo en que las ideas de Marx, debidamente actualizadas, se estudien, discutan y apliquen,  y no continúen siendo una referencia a referencias, porque ya casi nadie  sabe a derechas qué dijo Marx sobre esto o aquello, visto que, como otras  tantas fuentes verdaderamente revolucionarias de inspiración, han sido adulteradas, olvidadas o tergiversadas.

Leí el artículo de Félix y me dije: “Es lo que sentimos los miles y millones de cubanos que hemos estado, que seguimos estando, dispuestos a jugarnos hasta la vida por aquel proceso que en 1959 dio un vuelco radical a la historia de Cuba.” Con este o aquel matiz en esta o aquella concepción, es imposible no estar de acuerdo de manera general.

Como todo buen creyente (creyente en la causa que toda nuestra vida hemos  defendido, porque la hemos hecho parte de nuestra vida, y que nos llevó  a  otras tierras para defenderla con las armas en la mano), no me permito la  duda, y continúo diciéndome que no todo está perdido, que en nosotros están todavía vivas las fuerzas que pueden llevarnos a salir adelante.

Querido Félix, permíteme decirte que eres un perfecto idiota. Hablas de  “Empujar al socialismo cubano hacia adelante. Sin vacilaciones y con  mesura, inteligencia e imaginación.” Pero me pregunto: ¿Quién va a  conducir ese movimiento?, ¿quién va a disponer de los medios (incluidos  los de propaganda y difusión) y los recursos para descubrir, denunciar  y  quitar del camino a los que harán todo (hacen todo) por impedir que ese  proyecto renovador avance?

Admirable, pero idiota, como todos los que ansiamos lo mismo que tú, y como tú aún insistimos en querer creer. Somos, mayoría (aunque comienzo  a  tener mis dudas), pero más parecemos un puñado de nostálgicos de un  sueño que nunca fue realidad.

Un atajo de idiotas, trasnochados, anacrónicos soñadores que hemos roto  el  vínculo con la realidad, que mejor estaríamos si nos internaran en algún  hospital psiquiátrico.

Para que me entiendas: Distribuidos a todo lo largo y ancho de nuestra geografía social, económica y política, existen personas, con o sin carné rojo en el bolsillo, situados en posiciones desde donde se pueden tomar  decisiones más o menos importantes (en la economía, en la política, ¡en la  religión!, sobre nuestras vidas), que han usurpado el puesto de nuestros  burgueses prerrevolucionarios y se han acostumbrado a vivir y pensar  como  ellos, aunque en su discurso el pueblo, los trabajadores, el socialismo,  la identidad nacional, tengan una presencia permanente.

“El tránsito largo o regresión rampante al capitalismo, al estilo soviético y del antiguo campo socialista” a que haces alusión ya está en  curso, y desde hace mucho. Al paso que vamos, no harán falta las tan terribles “conmociones políticas”, porque los norteamericanos ya están aquí, solo que hablan español, te dicen “compañero” y van a reuniones del  Partido, o van sus parientes más cercanos. Son cubanos, pero ya han  incorporado a su identidad las costumbres norteamericanas.

Las fiestas de Hallowen, por ejemplo se celebran regularmente en algunos hogares de Cuba. ¿Dónde? No en las ruinosas, llagadas y milagrosamente aún  en pie casonas de la Habana Vieja, Centrohabana, Lawton o Luyanó, desde  luego.

Claro que eso no aparece en la prensa, y hasta es probable que alguien me  desmienta, pero es una realidad que me consta.

También hay quienes celebran el “Día de acción de Gracias” Yo no lo sabía  hasta el año pasado, cuando por accidente escuché una conversación que  no  era conmigo. ¿Dónde vivía la persona que comentaba su preparación del  correspondiente pavo y las dificultades para conseguirlo (sí, porque el tema era las difíciles condiciones en que estamos obligados a vivir)?

Otra  vez: No en las ruinosas, llagadas y milagrosamente aún en pie casonas de  la Habana Vieja, Centrohabana, Lawton o Luyanó.

Hasta donde yo sabía, Hallowen es una tradición norteamericana, como la celebración del Día de Acción de Gracias, y no forma parte de la identidad  nacional cubana.

Paso por alto, por archisabida (quizás no lo sepan quienes tienen como única fuente de información la prensa nacional), la presencia de adinerados nacionales en “lugares exclusivos” donde en una noche funcionarios, con o sin carné rojo en el bolsillo, gastan el dinero

que, según su salario, no pueden haber ganado en un año. Desde luego, es posible que también se encuentre algún artista renombrado que logró, gracias a la venta de un cuadro, un disco o un libro (este último, solo si  lo colocó en el extranjero), una bonita suma de dinero y quiso darse el lujo de su vida. Pero este último, cuando aparece, suele ser simpático con los gastronómicos, los trata como compañeros, y la final deja buena propina. El otro difícilmente se comporte así.

No sería mala idea hacer una encuesta entre los empleados de esos lugares  y hacer un libro. Lo difícil sería publicarlo después. Aprenderíamos mucho  con él. Al menos, yo he aprendido mucho cuando he oído los comentarios  de  algunos de ellos con sus familiares.

Lo que me ha llevado a redactar estas notas, sin embargo, es un hecho que  acabo de presenciar. Unos “quince”, para ser exactos.

De “quinces” parece que se podría hablar mucho. Por ejemplo, que es una  tradición cubana. Forma parte de nuestra “imagen folclórica” exportable, ¿de nuestra identidad?

Cuando vemos a la quinceañera pasear por la Habana Vieja en un coche de  caballos, o sudando a chorros al tomarse las fotos a que un creativo “artista” la obliga, llegamos a solidarizarnos con la muchacha y nos preguntamos cuántas necesidades habrá tenido que afrontar esa familia, durante cuánto tiempo, para ahorrar el dinero suficiente para ese “momento  especial en la vida de una mujer”. Y recordamos, una vez más, aquella  comedia “Vals de la Habana Vieja”.

Pero es una tradición cubana, nos guste o no. Y cada cual gasta sus ahorros de la manera que le da su real gana. Cuánto hay de vana ostentación o de ingenuidad en esta manifestación folclórica es algo que  no viene a cuento ahora. El problema es, como en casi todo, la proporción.

Por ejemplo: ¿Cuánto puede costar alquilar por dos días el salón de mayor capacidad (cerca de mil personas) de un hotel cinco estrellas de la  ciudad  capital de este país? No estoy seguro, pero sé que anda por los mil  CUC.  ¿Y cuánto cuestan el alquiler de siete u ochos carros “Grand Car” con  sus  choferes, adornos “globales” y demás parafernalias? No sé cuánto, pero  me  atrevo a pensar que también ronda los mil CUC. ¿Y llenar de globos  hinchados un espacio de unos cuatro metros de ancho por veinte de  largo, para conformar un túnel en medio de ellos, por donde ha de pasar el  cortejo? ¿Adornar con flores, globos, luces de colores, etc., etc., el  salón? ¿Pagar a los coreógrafos, maestros de ceremonias, pinchadiscos,  empleados gastronómicos y demás personal de apoyo? ¿El alquiler de 15  trajes blancos para los muchachos, y otros tantos vestidos blancos para  las muchachas. Imagino que habría también 15 cambios de ropa para la festejada, pero no me consta, porque no participé fui solo un espectador  casual, durante la preparación y a la hora de la llegada de la  festejada con su corte de vehículos “de época”.

“Qué norteamericanizada está Cuba, me había comentado un amigo argentino que andaba conmigo cuando vimos el “túnel de globos”.

No tengo idea de qué se comió y se bebió, ni de cuántos invitados habrán participado, pero imagino que no habrán sido cuatro gatos, y la ingesta  debe de haber estado en proporción con el resto del fausto.   Así que no  tengo la menor idea de cuánto habrá costado la “fiestecita” de la niña. Pero calculo que no bajó de 20 mil CUC (más o menos medio millón de  pesos  en moneda nacional, o unos mil meses, u 83 años, de trabajo, si consideramos salario de 500 pesos, lo cual está por encima de la media nacional, ¿no?). Todo para dilapidarlo en unas pocas horas.

La fiesta se consumó el 6 diciembre de 2008, unas horas más tarde, sería  de diciembre, fecha en que recordamos la caída de Maceo y la de los cubanos que han muerto en otras tierras del mundo defendiendo un ideal  Quien  dude, que vaya y pregunte.

En Cuba recientemente han pasado tres ciclones que nos han obligado a apretarnos un poquitín más el cinturón en la lucha por la supervivencia nacional y personal.

Mi amigo argentino, no viejo, pero con suficiente edad como para haber sufrido las dictaduras militares en su país, y cargar con la frustración  de que no logró reeditar el viaje del Che por América, y yo, conversábamos    con una peruana acerca del internacionalismo, de la teología de la  liberación, la iglesia de los pobres y otros sueños que, para ella, por  joven, son realidades desconocidas. Ella no hizo relación alguna entre o  que hablábamos y lo que habíamos visto; apenas comentó que en su país solo  gente de mucha, pero mucha plata, se

atrevería a gastar así el dinero, la  gente cuida más su dinero. Pero en el Perú no le repiten a nadie todos los  días, por todos los medios de información que vive en una sociedad que es  ejemplo para el resto del mundo, ni la prensa hace constantes llamados a que se luche contra las manifestaciones de corrupción, entre otros llamados a la modestia en el consumo.

Manifestaciones de corrupción entre nosotros son, según parece a partir de  la propaganda, el proxenetismo, la prostitución y ciertas formas de actuar  de algunos trabajadores y funcionarios que se apropian indebidamente de  bienes del Estado, o hacen uso indebido de ellos. Más o menos ese es el  rango. Siendo así, nada de lo señalado por mí es corrupción. Quien  festeja Hallowen o el Día de Acción de Gracias lo hace con su dinero, como lo hacen quienes gastan cientos de CUC en Marina Hemingway y otros lugares de  lujo, o quien quiso festejar los “quince” de su hija o nieta por todo lo  alto en el lugar que le dio la gana, y al hablar de ello no soy más que un  aguafiestas, cuando no un resentido. Porque eso no es corrupción, ¿verdad?

Eso no es corrupción, eso no corrompe nada. Pero, ¿y el bichito que introduce en las conciencias? Ese bichito ya se introdujo hace mucho, porque cuando sale la erupción hace mucho que el virus está dentro.

¿Será que quienes se han habituado a ese modo de vida (y que no viven en  las ruinosas, llagadas y milagrosamente aún en pie casonas de la Habana Vieja, Centrohabana, Lawton o Luyanó, desde luego, pero son los modelos hacia donde miran los jóvenes que sí habitan en estos lugares), se interesarán en echar a andar ese “socialismo democrático y participativo, tanto para la propiedad de los medios de producción, las decisiones de  Gobierno y Estado, la distribución de las riquezas producidas, como  para  la reproducción de la vida espiritual basada en sus tradiciones  históricas  y las más diversas y genuinas influencia que nos llegan de todas las > latitudes”, a que hace referencia el querido Félix Guerra?.

San Miguel del Padrón, 19 de enero de 2009

*Escritor, lingüista y traductor. Miembro de la UNEAC.