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Hay circunstancias y momentos en la vida, en los que determinadas coyunturas y situaciones llegan a pesar tanto en nuestro desenvolvimiento diario, que se hace urgente la necesidad de plantearlas hacia el exterior, de decírselas a los demás porque ya no podemos contenerlas por más tiempo, a riesgo de que exploten dentro de nosotros. Eso nos sucede muchas veces, tanto en lo personal como en lo social, cuando nos mantenemos en un perenne estar pendiente de que suceda algo con incidencia sobre nuestras vidas.

El concepto burocrático de la sociedad, que tan extendido se encuentra en el medio habanero en donde me desenvuelvo cotidianamente, se caracteriza por una constante intervención de un contingente de funcionarios burocráticos que deben aprobar o desaprobar todos los pasos que tenemos que dar. Estos burócratas, muchas veces irrumpen en nuestras vidas sin previo aviso ni causa necesaria. Cualquier diligencia o problema que sea necesario resolver, implica la cola frente a una oficina donde se nos trata con desgano y poca voluntad de resolvernos. Esto sucede, en el mejor de los casos, porque se ha extendido como si fuera una epidemia la corrupción de yo te resuelvo y tú me pagas o me resuelves.
El triunfalismo que se niega a reconocer los errores, las insuficiencias, los problemas y que lo justifica todo por causa de las agresiones externas propugnando una sociedad a crítica, es una impronta que propicia y afinca a esos conceptos burocráticos que se hacen dogmáticos y autoritarios. Algunos, en cifra creciente, optan por el escapismo o se dejan dominar por un miedo silencioso y casi imperceptible, que acompaña a las personas que tratan de no pensar mucho para evadirlo.
Por otra parte, siempre se mantienen presentes también los anuncios que se comunican en voz baja de que próximamente aparecerán posibles  soluciones internas y externas que todos esperan, pero el tiempo pasa y pasa sin que aparezcan. Entonces, la desesperanza y el hastío se ceban en estas actitudes y anuncios. En mi opinión, es necesario salir al paso definitivamente a tales situaciones anómalas y hurgar en el futuro, interpretar el movimiento de la historia más allá de los pesimismos y de las interpretaciones apocalípticas.
En este orden de pensamiento, debo decir que si miramos para las cumbres que se han efectuado en los últimos días en América, tanto la del Alba en torno a Venezuela y Cuba, así como la de las Américas con Estados Unidos, Canadá y los países latinoamericanos con la injustificable exclusión de Cuba, se hace evidente una nueva situación más favorable para el encuentro y para el diálogo que deberá animar nuestras esperanzas e impulsar los esfuerzos internos para resolver y dejar atrás problemas que, sin sustentarse verdaderamente en las hostilidades y agresiones a que hemos estado sometidos en todo este tiempo, gravitan sobre nosotros y forman parte de una burocracia que nada resuelve y que lo empeora todo.

La Cumbre del Alba en su documento final, además de condenar el Bloqueo a Cuba y la detestable Ley Helms-Burton, aboga, entre muchos otros conceptos liberadores y de justicia social, por el libre tránsito de las personas y el máximo acceso a las telecomunicaciones como derechos humanos inalienables, lo cual es válido para todos los pueblos por igual, en los que Cuba no debería ser ninguna excepción. ¿Por qué, entonces, no permitir libremente las entradas y salidas de su país a todos los cubanos? ¿Por qué no liberar el acceso a INTERNET y las tecnologías de comunicación? ¿Somos acaso una excepción?
Publicado en Por Esto! el lunes 27 de abril del 2009.
http://www.poresto.net/opiniones/31997-mirar-hacia-adelante-sin-inmovilismo