Por Félix Sautié Mederos. E-Mail: fsautie@yahoo.com
 
Hay temas que por su complejidad se convierten en un asunto vedado para algunos que prefieren no hablar de ellos. Incluso, desde el punto de vista psicológico su omisión en muchas ocasiones es justificada con el miedo que amenaza y puja por inmovilizar, desautorizar y descalificar a quienes se atreven a traspasar sus límites virtuales para informarse, identificarlos y analizarlos. Algunos piensan que esos asuntos son privativos del conocimiento y el análisis a la población en su conjunto. Para sus fines, utilizan la caracterización de los excesos que se producen en una sociedad totalmente comercializada, en la que son utilizados como objetos del sensacionalismo comunicativo y como mercancías que se trasiegan sin consideraciones ni principios.


 
Yo pienso que una cosa son los excesos del consumismo, los cuales rechazo totalmente, y otra es el silenciamiento total de las adversidades que ocurren alrededor de nosotros, lo que nos imposibilita participar en su análisis con vistas a la búsqueda de soluciones y en su aplicación dentro de la sociedad, porque los problemas sociales deben ser interés de todos y función de todos. Además, estos silenciamientos se convierten en caldo de cultivo para la especulación y las bolas que, dado el vacío informativo que se crea, circulan de persona a persona con dinámica muy expedita sustituyendo a la verdad no conocida, lo cual produce un daño social inconmensurable que, en definitiva, favorece a una violencia desconocida en su verdadera realidad y magnificada por la especulación sin control que afecta a la tranquilidad social.
 
Defender la vida es un compromiso que también se refiere al rechazo de cualquier tipo de violencia, del cual nadie debe considerarse exento ni mucho menos entorpecer el conocimiento y la concientización de los demás al respecto del asunto en cuestión, que debe ir más allá de las declaraciones así como de los buenos deseos para transformarse en carne y vida cotidiana, no transigiendo con la violencia que precede a la muerte.
 
La vida es el don más importante de los seres humanos y todos deberíamos defenderla. Defender la vida es, además, enfrentarse con la verdad por agria que esta pueda ser, con la especulación, con la infamia y con la mentira que desmovilizan y ponen en estado de indefensión subjetiva y objetiva al pueblo, que, en su conjunto, debe enfrentar toda violencia y cualquier acción que dañe a la vida. No matarás es un mandamiento de principios y quien mata se aleja de Dios y de todo sentimiento humanista.
 
El amor es la esencia del humanismo y de la convivencia social que nos conduce al entendimiento entre todos, a la paz y a la justicia social. Con violencia que mata estos principios de vida y de utopía social se oscurecen totalmente. Yo pienso que los que amamos la paz y por tanto la vida, tenemos que hacer un frente compacto contra la violencia que aflora en nuestra sociedad y que no podemos permitir que se extienda.
 
No reconocer la existencia de los problemas imposibilita buscar soluciones a lo que no se reconoce que existe; comenzar por reconocerlos en vez de atacar a quienes los denunciamos, es comenzar a transitar por los caminos de solución. No sólo con la fuerza se resuelve la violencia indiscriminada, hay que hurgar en las causas sociales, hay que movilizar a las fuerzas sociales en su conjunto a favor de la vida.
 
Para que las fuerzas sociales puedan ejercer su repudio, hay que mantenerlas informadas con realidades y cerrarles el paso a las bolas y a la especulación que no benefician a nadie. Sí por la vida. Así lo pienso y así lo escribo para ayudar al enfrentamiento de la violencia que mata y desmoviliza donde quiera y como sea que se manifieste.
Publicado en Por Esto!, el lunes 27 de julio del 2009.
http://www.poresto.net/opiniones/47035-no-a-la-violencia-y-si-a-la-vida-