Por: Félix guerra 
 

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El Estado no sustituye la administración y creatividad humana o social. Es a la inversa. Cierta dialéctica puesta de cabeza, proporciona casi de inmediato algunas claras y seguras soluciones.
La república democrática de Martí es una herencia insoslayable, porque postula una Cuba (PATRIA ES HUMANIDAD) con todos y para el bien de todos. Primero es con todos y segundo de todos.
La participación, por otro lado, es cada vez más una condición indispensable del mundo contemporáneo, donde la masa hasta ahora amorfa y contemplativa a diario se diluye en un torrente de individuos pensantes e informados que protagonizan con intensidad mayor sus propias historias.
MASA ES UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN, MIENTRAS LA PERSONA HUMANA SE MULTIPLICA Y EXTIENDE POR EL PLANETA.
El  planeta, con esa extinción (caso único), se beneficia. La persona humana se inicia luego de una prehistoria de guerras, conquistas y colonización, en la comprensión de su rol como especie y de la Tierra como hogar primigenio.
Democracia y participación resultan imposibles, utopía retrógrada, si cualquiera, hasta el último no encuentra de alguna manera su rol y significación, siempre compleja, en la propiedad y producción de bienes materiales y espirituales.

Igual en las decisiones menores y mayores, en la productividad, perfeccionamiento y calidad  de los productos de subsistencia, materiales o espirituales, siempre en inevitables y continuos ascensos.
Igual en  la investigación de complicados engranajes científicos, técnicos e intelectivos que encadenan visibles y a veces invisibles  goznes que se mueven por debajo del desarrollo social.
Igual en los movimientos, digamos, infraestructurales, como  acopio, transportación, distribución y venta, hasta las últimas células de las redes minoristas.
En cualquier etapa o rango de la producción de bienes, las fórmulas combinadas de propiedad individual, cooperativa, autogestionada, cogestionada, mixta, estatal y otras posibles o por imaginar, son el resorte social que levantaran a la cultura humana a metas superiores. 
El Estado omnipoderoso es un producto histórico de las sociedades clasistas y sus diferentes estadios. Lo estudiaron economistas, filósofos y humanistas en sus momentos. Y concibieron entidades y estructuras para contrarrestar semejante Poder entronizado en las superestructuras, que tiende inevitablemente a usurpar derechos y poderes individuales y sociales.
La Ley del más fuerte siempre encontró réplicas. Quienes detentaron el Poder desde las formaciones primigenias fueron o debieron ser siempre quienes facilitaran subsistencia y sobrevivencia. Pero como se trataba de seres humanos y luego de clases sociales, las ambiciones y el egoísmo generaron sus propios contrarios, que oponían lanza o pecho a ese Poder a menudo fuera de sus bridas y hasta de sus lógicas.
Marx habló de que los capitalistas daban vida a sus propios enterradores: la clase obrera. Asalariados que le servían hasta para confeccionar o lamer sus botas, pero que un día tendría calzado en sus propios pies e ideas en sus propias cabezas. 
Resulta de una propiedad paradójica de la dialéctica que hasta ahora regula el avance social.  
Tanto José Martí como Carlos Marx, y otros muchos pensadores, desde diferentes perspectivas, se refirieron  con abundancia al tópico que adquiere una actualidad decisiva, porque los desenlaces de una larga secuela  de iniquidades se aproximan a sus capítulos finales.
El cenit al parecer llega durante la etapa capitalista. Luego, con las revoluciones y/o cambios sociales se inicia o deben iniciar las etapas de transición, cambios trascendentes y originales, que nunca en rigor podrían ser descuidadas, ni teoría ni prácticamente, para impedir burocracia, corrupción, descontento, asfixiante control estatal, visibles retrocesos y como fatal conclusión el descarrilamiento del intento socialista.
La reversibilidad de las revoluciones sociales es lo único probado hasta hoy, desde la revolución francesa a la soviética.
Y lo no probado es la propiedad social, el socialismo efectivo, democrático, participativo, expansivo, innovador, creativo, sin dogmas heredados o de reciente confección, sin distorsiones burocráticas. Ese socialismo quizás condensa finalmente el ideal humanista en constante progresión.
El estado socialista, sin descuidar su seguridad, táctica y estratégicamente debe desmontar hasta los límites precisos y de forma gradual, todo lo rápido que sea indispensable, esas instalaciones verticalista, jerarquizadas, y necesariamente autoritarias, paternales y centralizadas. El Estado debe comenzar a girar en su verdadera órbita periférica y prohumana.
Lo que no implica, por ejemplo, a pesar de los 50 años transcurridos en Cuba desde las expropiaciones y nacionalizaciones, que ya no resulte posible o que se aplique corriendo, a toda prisa, como imperativo de hoy por la tarde o mañana por la mañana.
No hay una ciega o fanática demanda desde algún tipo de desvelado anarquismo, asunto que ya  fracasó práctica y teóricamente en la historia de las revoluciones.
Se dejaron pasar  lamentablemente oportunidades exactas u óptimas.
No obstante, a pesar de los descalabros históricos, estamos en oportunidad de acometer tales inéditos actos, algo tardíos ciertamente, y suprimir  a tiempo más cojeras, censuras, zigzagueos erráticos, colapsos, jerarquías dogmatizantes, etcétera. También algunos pedidos constantes de sacrificios a la población, sin recompensas ni en el corto ni en el largo plazo.
Las banderas del futuro sufren continuos desgastes. Impedir adicionales deterioros está en el orden del día, sobre la mesa social más que en la oficina del burócrata.
La primera y esencial etapa de desmontar la desmesura estatal, comienza sin dudas por el traspaso gradual, científico, armonioso e innovador de la monopólica propiedad del Estado hacia la propiedad social en sus diferentes modalidades.
Es idea esencial del pensamiento de Carlos Marx (sin eso no creo que haya marxismo alguno) y seguramente una ley de las  transiciones sociales en movimiento, solo avaladas hasta ahora, en negativo, por los obligados derrumben políticos, sorpresivos además, presenciados durante finales del siglo XX.
La sociedad supuestamente socialista con propiedad estatalizada, o capitalismo de Estado, como también se ha denominado, lleva hasta sus últimas consecuencias los estadios monopólicos del Poder ancestral y sus formas actuales de explotación asalariada. También en sus ultimas fases a deformaciones intolerables y el descarrilamiento en las vías de redención humana e incluso planetarias.
EL HUMANISMO DESFILA DESDE LA ANTIGÜEDAD HACIA UNA SOCIEDAD MODERNA DONDE EL HOMBRE AGRUPADO DEMOCRATICAMENTE, COLECTIVIZADO, GOZANDO PLENAMENTE DE SUS DERECHOS Y FACULTADES INTELECTUALES Y MORALES,  PARTICIPANDO ACTIVA Y CREADORAMENTE, Y NO EL ESTADO MONOPOLIZADOR,  ES EL CENTRO DE ATRACCIÓN Y EL FOCO DE ADMINISTRACION Y ORIENTACION ESPÌRITUAL Y ETICA  DE LA SOCIEDAD.
El INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD NO GIRAN ALREDEDOR DEL ESTADO, SINO EL ESTADO ALREDEDOR DEL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD.
EVOCANDO A COPERNICO Y GALILEO, TAMBIEN EN ESTA NUEVA ERA PUDIERA AFIRMARSE QUE EL SOCIALISMO NO GIRA ALREDEDOR DEL ESTADO SINO EL ESTADO ALREDEDOR DEL SOCIALISMO Y EL SOL.
Y EL SOL ES EL PUEBLO.
POEMAS DE LA SANGRE COTIDIANA.             
OCTUBRE DE 2009. CIUDAD DE LA HABANA. CUBA.