Hace algunos días, me decidí a salir del encierro en que he estado confinado en mi casa con motivo de serios problemas de locomoción sufridos como consecuencia de una artropatía diabética, que me ha mantenido prácticamente inmovilizado escribiéndoles desde mi cama. Realmente, los procedimientos de rehabilitación y las prescripciones médicas me han permitido caminar nuevamente, aunque apoyado en un bastón.
Espero, en lo futuro, poder hacerlo libremente pero por ahora debo tener paciencia y cumplir con todas las prescripciones.
Bueno el caso es que desde el Arzobispado de La Habana, me habían invitado a participar en la premiación del XIII Concurso de la Revista Católica Palabra Nueva. El recinto se encuentra relativamente cerca de mi casa y no resistí la tentación de probarme en el tránsito hacia una actividad de prensa. Les confieso que al principio me sentí un poco aturdido por mis amigos que preguntaban por mi salud y por todo el ambiente de discursos y celebración, pero aquello me hizo mucho bien. Me sentí de nuevo activo y participando.
Grabadora en mano no me perdí nada del evento, pero más que las intervenciones y que el crecimiento de la participación con cifra récord de 105 trabajos en los géneros de cuento, artículo y ensayo, mis pensamientos se concentraron en el significado del momento y de aquel acto, precisamente, en medio de la Jornada Nacional de Celebración del Día de la Cultura Cubana en su estrecha relación con el pueblo.
Poco a poco la prensa católica, en sus ámbitos admitidos dentro de los templos, se ha ido desarrollando intensamente y ganando un espacio entre la población creyente e incluso no creyente, que la busca y solicita a quienes estamos relacionados habitualmente con la Iglesia. Es una realidad que aflora y que no se puede negar. Por otra parte algo que se hizo evidente, a todos los que estuvimos en aquella sencilla pero hermosa actividad, fue el hecho de los premiados. Eran personas salidas de las mismas entrañas del pueblo, personas que vemos habitualmente en nuestros templos sin ningún otro empaque. Resultado de una interacción directa entre pueblo y publicación.
Una esencia básica de la cultura que, en definitiva, nace y se fundamenta en el pueblo, que lo produce todo, que es el actor principal y básico de la producción y de los servicios que mueven y dan vida a la sociedad. En esos momentos, mis pensamientos se concentraron en la razón de ser de los sistemas y de la sociedad en su conjunto que no es otra que la persona, que el conjunto que constituye el pueblo, el pueblo de Dios. La cultura es una expresión del alma de los pueblos y la buena prensa coadyuva a construir esa cultura. El acto en que participé fue una expresión de la buena prensa que se preocupa por cultivar la cultura en el pueblo. Estas fueron mis impresiones que comparto con mis lectores
Publicado en Por Esto!, el lunes 26 de octubre del 2009.
fsautie@yahoo.com
http://www.poresto.net/cgi-bin/news.cgi?f=13606






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